domingo 12 de febrero de 2012

El Clarín de Chile: Denuncian desfalco en Codelco por 12 mil millones de dólares

Valparaíso.- La estatal Corporación del Cobre (Codelco) es objeto de un desfalco por un monto de al menos 12 mil millones de dólares en el último lustro. Y los presuntos autores de éste son sus propios ejecutivos. Así lo denunció el pasado martes 17 el economista Julián Alcayaga a la Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados que estudia irregularidades existentes en la citada empresa minera. La exposición de Alcayaga, basada en el cruce de datos y balances oficiales, dejó atónitos a los diputados.

Y es que, según el experto, 40% de las pérdidas en Codelco corresponderían a los malos resultados en las ventas a futuro en operaciones realizadas entre 2006 y 2011. El 60% restante se originó en ventas de cobre por valores inferiores a los de mercado, lo que ocurrió en los ejercicios 2010 y 2011.
La Cámara de Diputados aprobó la creación de la citada Comisión Investigadora en julio pasado luego de un paro laboral de 24 horas que afectó a las cinco divisiones de Codelco. Después de este paro, los sindicatos de trabajadores denunciaron numerosas irregularidades en la empresa.
Alcayaga es considerado la “bestia negra” de las trasnacionales mineras chilenas. Socialista, exiliado tras el golpe de 1973, posee una maestría en economía obtenida en La Sorbona. A principios de los noventa descubrió que las grandes mineras que operan en Chile no pagaban impuestos y que para hacerlo simulaban tener pérdidas en sus operaciones. Sus denuncias fueron confirmadas por diversos estudios, como el realizado por la Comisión Especial del Senado para el Estudio de la Tributación de las Empresas Mineras, que en 2004 emitió un informe determinante en esta materia.
Alcayaga es también autor de Libro negro del metal rojo, y de País virtual: el lado oscuro del tratado minero chileno argentino.Balances turbiosEl informe presentado a la citada Comisión Investigadora –al que Proceso tuvo acceso– inicia con la cita de una declaración realizada por el ejecutivo de Codelco, Andrés Tagle, al diario La Tercera (2 de septiembre de 2009): “El país debe saber y conocer que durante los gobiernos de los presidentes (Ricardo) Lagos y (Michelle) Bachelet, Codelco llevó a cabo un conjunto de operaciones financieras de derivados (ventas a futuros) que le han significado pérdidas, disminuciones patrimoniales y menores excedentes al Estado por impuestos que en conjunto ascienden a 4 mil 630 millones de dólares (…) Las máximas autoridades vinculadas al cobre en el país, con toda la experiencia que disponían, apostaron a la baja de precio de cobre a mediados del año 2005, justo en los momentos en que el precio de este metal inició una escalada en los mercados internacionales que se ha mantenido hasta hoy con pequeñas alteraciones. Se equivocaron rotundamente con grave perjuicio para el Estado”, señaló.
Alcayaga sostuvo en su informe que esta declaración le llamó mucho la atención dado los altos montos involucrados. Pero afirma que no volvió a leer en la prensa nada sobre esta materia, por lo que decidió iniciar su propia investigación.
En entrevista con Proceso, Alcayaga revela en qué consiste el desfalco y como llegó a descubrirlo. Revela que al analizar los resultados de 2010 de Codelco constató que el presidente ejecutivo, Diego Hernández, declaró a la prensa –que le dio gran cobertura– que éstos habían sido un éxito porque habían aumentado las utilidades con respecto a 2009, “pero a mí me pareció inmediatamente que el resultado era catastrófico para Codelco comparando el año 2010 con 2006. Esto porque en 2010 se obtuvieron 5 mil 700 millones de dólares de utilidades, mientras que en 2006 éstas fueron de 9 mil 215 millones de dólares. Sin embargo –añade– el precio del cobre en 2006 era 12% más bajo que en 2010. Por lo tanto las utilidades de 2010 tendrían que haber sido de 11 mil millones de dólares, aproximadamente. Entonces faltaban 5 mil millones”.
Alcayaga dice que comenzó a buscar cómo habían desaparecido ese dinero. Buscó en las memorias de Codelco y constató que las pérdidas se habían producido en las ventas. “No es que hubieran aumentado los costos, que eran más o menos similares en los últimos cinco años, si no que importantes montos relacionados con las ventas habían desaparecido. Esto ocurría tanto en el cobre como en la venta de minerales que vienen contenidos en el cobre, como es el oro, la plata, el molibdeno y el acido sulfúrico”.
El pasado 3 de mayo Alcayaga, junto con los diputados del Partido por la Democracia (PPD) Enrique Accorsi y Cristina Girardi denunciaron públicamente –en conferencia de prensa realizada en el Congreso Nacional– que en 2010 Codelco perdió mil 42 millones de dólares en ventas a futuro.
Alcayaga dice que esas pérdidas no figuraban con claridad en los balances, sino sólo en las explicaciones de los resultados. Para esconderlas aún más, aparecían denominadas como “Ingresos mercado de futuro”, pero entre paréntesis, lo que significa: negativo, pérdida. Sólo la pericia contable de Alcayaga pudo constatarlo.
Sin embargo, y a pesar que estas denuncias fueron respaldadas por los citados diputados y que fueron admitidas por los gerentes de Codelco, no se armó ningún escándalo mayor debido a la escasa cobertura que tuvieron en la prensa.
No obstante, Alcayaga continuó recabando antecedentes: “Descubrimos entonces que en los últimos cinco años habían pérdidas en los mercados de futuro de 2 mil 670 millones de dólares entre 2006 y 2010; de ellos, mil 42 millones de dólares sólo en 2010. Entonces, en total serían 4 mil millones de dólares de pérdidas en los mercados de futuros entre 2006 y 2010 (durante los gobiernos de Bachelet y Piñera)”.
Alcayaga sostiene que cuando este tema empezaba a ser reportado por los medios y algunos diputados habían dado algunas conferencias de prensa sobre las pérdidas de los mercados de futuros o la caída de los ingresos de Codelco, el presidente Hernández anunció, el pasado 13 de octubre, la intención de esta empresa de comprar a Angloamerican el 49% de la Mina Los Bronces. Eso derivó en una polémica que dura hasta el presente y que está relacionada con la negativa de esta trasnacional, con sede en Londres, de vender a Codelco esa fracción de la propiedad de dicha empresa.
Para Alcayaga esto ha sido una maniobra de distracción de los ejecutivos de Codelco que buscan capear un posible temporal de denuncias por los turbios manejos antes señalados.
“Y todo ese show, ¿qué es lo que ha permitido?, que las pérdidas en los mercados de futuros de 4 mil millones de dólares queden en silencio”, sostiene Alcayaga.
Conflictos de interésLas pérdidas en los mercados de futuros no fue la única forma en que los ejecutivos de la estatal minera estarían lucrando ilegalmente. Según Alcayaga en los ejercicios 2010 y 2011 se perdieron al menos 8 mil millones de dólares en ventas a menor precio del cobre y sus subproductos: oro, plata, molibdeno y ácido sulfúrico.
“En razón que los resultados de Codelco por el ejercicio 2010 arrojaban que los ingresos por ventas eran inferiores a lo que debieran ser en función de la producción y precios del cobre y sus subproductos, solicitamos a Cochilco (Comisión Chilena del Cobre) que informara sobre la producción y el monto de las ventas de Codelco”, relata el entrevistado.
Cochilco respondió el 27 abril de 2011 mediante el oficio Nº 148. En éste aparece que en 2010 los subproductos del cobre alcanzan un monto total de 631.4 millones de dólares. Este monto de ventas es 2.3 veces menor que los mil 460.7 millones de dólares de ventas por este mismo tipo de subproductos en el año 2006; y 2.9 veces menos que los mil 836 millones de dólares de 2008.
“Esto no resulta ni razonable ni explicable –señala Alcayaga– puesto que tanto la producción como el precio de estos subproductos aumentaron en forma considerable entre 2006 y 2010. El oro subió 100%, la plata cerca de 70% y el ácido sulfúrico más de 300%. En 2006 los ingresos provenientes de los subproductos representaban 42%; en 2010 sólo 18%”, denuncia.
Alcayaga señala que la razón de esta disminución es nítida: los subproductos se están vendiendo a menor precio.
Así, si se suman las pérdidas por las ventas a futuro (4 mil millones de dólares, entre 2006 y 2010) con las pérdidas por venta a bajos precios del cobre y sus subproductos (4 mil millones en 2010 y una cantidad similar en 2011), el desfalco ascendería a por lo menos 12 mil millones de dólares.
–Pero, ¿a quién se le estaría vendiendo a menor precio?–, se le pregunta.
–Eso es lo que hay que estudiar. Sólo puedo decir que los ejecutivos que actualmente dirigen Codelco en su mayor parte provienen de trasnacionales que operan en Chile, y que éstas perfectamente podrían ser las beneficiadas de las pérdidas de Codelco.
Diego Hernández, antes de asumir la presidencia de la empresa estatal, en mayo de 2010, era el máximo ejecutivo de BHP Billiton en América Latina; Thomas Keller, vicepresidente de gestión financiera de Codelco, fue presidente de Minera Collahuasi (Angloamerican, Xstrata, Mitsui); el miembro del Directorio, Fernando Porcile, fue presidente del patronal Consejo Minero. El vicepresidente de Finanzas, Jorge Gómez, fue gerente de Pelambres (grupo Luksic).

jueves 5 de mayo de 2011

Yo (no) quiero creer

Por Rodrigo Pinto
(Columna publicada originalmente en El Post el 16 de febrero de 2011.)

Algo extraño hay allá afuera. Algo misterioso, inexplicable, enigmático. La ciencia no tiene todas las respuestas y la religión, tampoco (al menos, no las viejas y anquilosadas que se han fosilizado en instituciones normativas). Hay misterios sin resolver en el mundo y en las afueras de este mundo. ¿Por qué negarnos a la posibilidad de que efectivamente seres de otros planetas hayan puesto en la tierra las semillas de la vida y de la inteligencia? ¿Quién asegura, a ciencia cierta, con total certeza, que en la construcción de las pirámides no intervino una raza alienígena? ¿Por qué pensar que es imposible descubrir, en el fondo del mar, los restos de la perdida civilización atlante? Este es el tipo de preguntas que Ronald H. Fritze plantea en la introducción de Conocimiento inventado. Falacias históricas, ciencia amañada y pseudo-religiones, un ensayo contundente que pone al desnudo un complejo sistema que entremezcla la buena (y excesiva) fe y el afán de lucro.

En efecto, la industria en torno al conocimiento inventado es sumamente próspera; basta mirar, por ejemplo, cuántas entradas hay en Amazon por Atlantis (sólo en libros, 6.528 y subiendo) y se tendrá claro cuánto éxito ha logrado un tema cuyo venerable origen está en un par de referencias en dos diálogos de Platón, el Timeo y el Critias. Ahí debería haberse acabado todo, pero una serie inacabable de relevos que daban por verdad histórica la especulación filosófica terminaron por cimentar, en el siglo XIX, la fortaleza del mito y la construcción de la leyenda.

La abundante bibliografía resultante en torno a este tema –y a muchísimos otros, por desgracia- se funda en que sus autores sitúan el prejuicio antes del conocimiento. Es decir, creen saber previamente lo que ocurrió y van en busca de las pruebas; de manera consecuente, desecharán todo lo que contradiga sus hipótesis y utilizarán todo lo que pueda respaldarlas, aunque se trate de otras afirmaciones voluntaristas. A la inversa, un historiador serio va en busca del conocimiento y coteja, compara y pondera todas las evidencias disponibles, aunque lo conduzcan por un camino totalmente inesperado. La cuestión se agrava con el paso del tiempo; si en el siglo XIX era posible aún sostener como verdades muchos hechos inexactos simplemente por la falta de evidencia y de conocimiento científico, hoy no lo es; y si en aquella época alguien podía afirmar, con relativa buena fe, que la Atlántida existió, hoy no es posible. Pero el mito no deja de rodar. Es lo que Fritze llama el “entorno cúltico”, que lleva, por ejemplo, a que innumerables lectores atribuyan valor histórico a las novelas de Dan Brown y decenas de escribidores con buen ojo para las demandas del mercado publiquen libros de exégesis (¡!) de El código Da Vinci. Un entorno cultico que confunde e identifica mito y leyenda, aunque los respectivos puntos de partida sean muy distintos, e identifica posibilidad con probabilidad.

El ejemplo que da Fritze es muy claro y lo adapto en su primera parte: es posible que el loto que compré hoy sea el número ganador; y es probable que mañana me levante, porque es día laboral y tenga que ir a trabajar. Entonces, si dices que “es posible que unos exploradores chinos alcanzaran y colonizaran América circunvalando todo el globo terráqueo”, está bien, aunque si nos atenemos a la evidencia disponible, es altamente probable que no lo hayan hecho.

Pero, si en el desarrollo argumental eliminas la diferencia entre posibilidad y probabilidad, tienes pseudo historia. De hecho, el segundo capítulo del libro está dedicado a los innumerables conquistadores de América antes de Colón. Otro capítulo –“Gente del fango, hijos de Satán e Identidad Cristiana”- se interna en delirantes teorías sobre los orígenes del hombre, las razas preadanitas (negras, claro) y oscuros fundamentos bíblicos para asentar el racismo sobre bases pretendidamente históricas. El siguiente vuelve a lo mismo, pero desde el Islam.

Más adelante, Fritze revisa sumariamente la bibliografía de los principales pseudohistoriadores: Immanuel Velikovsky, Charles H. Hapgood, Erich von Daniken, Zecharia Sitchin y Graham Hancock. El problema con ellos no es que escriban libros sin reales fundamentos históricos; es que algunos cultos religiosos toman sus temas –por ejemplo, el catastrofismo y los astronautas en la antigüedad- y los transforman en objetivos religiosos. Y ahí, como en el caso de la Puerta del Cielo, el culto puede ser letal (inspiró un suicidio colectivo; los humanos debían “abandonar sus cuerpos” para recibir nuevamente la visita de los Hermanos del Espacio). En sus manifestaciones más inofensivas, estos autores abonan el camino para películas y series como Stargate o Los expedientes X.

Quizá Fritze abunda demasiado en detalles, pero, sin duda, su investigación es contundente e ilustrativa de un fenómeno que se niega a desaparecer y que en Chile adopta una arista inquietante, que lamentablemente el autor sólo enuncia en el prólogo y no desarrolla porque requeriría otro libro: “Los nazis tenían su propia mitología pseudohistórica acerca de una súper raza aria, la cual intentaron sustentar con toda clase de investigaciones pseudohistóricas y pseudocientíficas”. Tal como se demuestra en algunos capítulos de este libro, “la pseudohistoria se presta fácilmente a ser una herramienta del racismo, el fanatismo religioso y el extremismo nacionalista”. Nada más cierto, y de ello hay muestras cercanas. Al concluir la introducción, Fritze cita, con mucha propiedad, a Mark Twain, para reforzar la idea de que hay que estar prevenido cuando uno se encuentra con gente que quiere creer: “Podría pensarse que tengo prejuicios. Quizás los tenga. Me avergonzaría de mí mismo si no los tuviera”.

jueves 27 de enero de 2011

El Mostrador: El exterminio de la familia Poblete Tapia

Más de 10 años han pasado desde la muerte de Vinicio Poblete Vilches. Falleció en el Hospital Sótero del Río y aún su familia desconoce las causas de su deceso. La justicia en Chile les dio la espalda y comenzaron a buscarla fuera del país: en la CIDH. Pero hoy, a la espera de una solución amistosa con el Estado –que no llega – la familia se desmorona. La viuda de Poblete murió, su hija está en la clínica, su hijo tiene 4 tumores sin tratar y el menor de los hermanos es parapléjico. Esta es la historia de cómo les dieron la espalda.

Vinicio Poblete Tapia (50), hace dos meses, estaba en el living de su casa en La Pintana, cuando entró su hermana Leyla (44). En cosa de segundos, ella sacó un revolver y lo colocó en su cabeza, luego lo cambió y se disparó en el estómago. Cayó desplomada. Minutos antes, Leyla le había dicho a su hermano –pensando que serían sus últimas palabras – “yo no doy más de la vida, no doy más de todo esto… Ellos (el Estado) están jugando con nuestro sufrimiento. No le importamos a nadie”.

En un acto de desesperación, Leyla Poblete quiso poner fin a más de 10 años de lucha incesante por alcanzar justicia. La muerte de su padre, Vinicio Poblete Vilches, ocurrió en el Hospital Sótero del Río, el 7 de febrero del 2001, y hasta el día de hoy, se desconoce el motivo de su deceso. Pese a sus ruegos y peticiones los directivos del Hospital nunca quisieron darle una respuesta. “Todo esto ha pasado porque somos pobres. Por ser pobres se nos negó el derecho a la justicia, por ser pobres las autoridades del Estado nunca nos escucharon”, afirma Vinicio Poblete (hijo).

Buscando justicia

Durante todo este tiempo, la familia Poblete Tapia ha presentado dos querellas criminales por homicidio, una el 2001 y otra el 2005. Pero el Primer Juzgado de Letras de Puente Alto sobreseyó el caso. En dos oportunidades. La última fue en junio del 2008, a la espera –se dijo- de nuevos antecedentes. Hoy, el caso está en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), donde fue declarado admisible el 2009: llevan más de un año intentando alcanzar una “solución amistosa” con el Estado de Chile.

En noviembre del 2009 el Estado, a través de la Dirección de Derechos Humanos de la Cancillería, ofreció a la familia Poblete Tapia una indemnización de $40 mil dólares que nunca se concretó. Hace dos semanas, “se nos ha señalado que el Estado no está en condiciones, ni siquiera, de ratificar el planteamiento que hizo en noviembre. Lo que significa llevar esto a un punto muerto”, asegura el abogado Sergio Espejo, quien lleva la causa en representación de la familia. El dramático caso es uno de los trabajos probono del jurista, quien advierte la díficil situación de sus representados. “Si nosotros no tenemos una respuesta pronta, declararemos finalizado el proceso de negociación. Es gente cuyo estado de salud no permite postergar mucho más este trámite”, dice.

Vidas contra el tiempo

“Con la muerte de mi papá destruyeron a mi familia”, explica Vinicio Poblete, recordando que desde ese momento una seguidilla de enfermedades y tragedias familiares invadieron sus vidas. “Mi mamá cayó en depresión y le vino cáncer. Nada la pudo sacar adelante… vivía llorando porque no hay justicia en Chile”, afirma.

Blanca Tapia murió el 2003, esperando esclarecer la muerte de su esposo. Dejó en su casa a tres de sus cuatro hijos: Vinicio, que hoy tiene tres tumores creciendo en su garganta y uno en su pulmón; Leyla que sigue hospitalizada tras su intento de suicidio; y Gonzalo (28), que sufre un retraso mental severo, paraplejia, cifolordosis severa (una desviación progresiva de la columna), malformación congénita y estravismo convergente. Vinicio y Leyla nunca se casaron y hoy deben cuidar a su hermano. Ambos tienen depresión y el llanto es algo cotidiano. Para colmo, en abril del año pasado se incendió la casa donde vivían juntos. Lo perdieron practicamente todo. La foto del siniestro es una mezcla de maderas carbonizadas y enseres derretidos por el fuego.

Leyla Poblete se debate entre la vida y la muerte en la Clínica Dávila. Como su familia ya no confía en la salud pública, su hermano, Vinicio, optó por llevarla a ese recinto privado y firmó un pagaré hace más de un mes para mantenerla hospitalizada. No sabe cómo pagará aquella cuenta. Hoy pasa el día cuidando de su hermano “Gonzalito”, visitando a su hermana y manteniéndose al tanto del caso. “Hemos tenido que sacrificar nuestra felicidad… vivimos preocupados sólo del caso”, afirma Poblete, quien ha postergado todo tipo de tratamiento de sus tumores, tras la hospitalización de su hermana.

El inicio de la tragedia

Antes de la muerte del patriarca, la familia Poblete Tapia iba todos los domingos a misa. Era una familia creyente y su padre, Vinicio, siempre les enseñó a temer a Dios y a perseguir el bien. El sueño de Leyla es ser monja, pero ha postergado su sueño por mantenerse junto a su familia. En ese tiempo vivían todos juntos, los padres junto a sus tres hijos. Todos trabajaban y aportaban para mantener la casa. Leyla y Vinicio (hijo) nunca se casaron y no tienen pareja, su núcleo familiar se mantuvo igual que cuando eran niños… hasta que su padre murió a los 76 años. Ahí todo comenzó a derrumbarse. Hoy su historia parece ficción.

Vinicio Poblete Vilches ingresó, por problemas respiratorios, al Hospital Sótero del Río el 17 de enero del 2001. Sufría de dos tipos de diabetes y aún así, fue operado del corazón. Pero según su familia, nunca autorizaron dicho procedimiento. Pero el documento que permitía la intervención tenía la firma de su esposa Blanca Tapia. El problema –que desconocían quienes alteraron el permiso- es que la señora Blanca no sabía ni leer ni escribir. Sólo seis días después, Don Vinicio fue dado de alta –en muy mal estado como cuenta su familia – y tuvo que volver a los dos días.

Menos de veinte días después, el 7 de febrero, llaman a la familia del Hospital para comunicarles que Vinicio Poblete Vilches había muerto de un paro cardíaco. Sin embargo, más tarde un certificado de defunción de la morgue, señalaba que la causa de muerte había sido un shock séptico y bronconeumonía bilateral. Por otro lado, una cinta pegada en el pecho del cadáver decía que había fallecido de un edema pulmonar. La familia, desconcertada pidió la realización de una autopsia, la cual fue negada por los médicos, como afirma Vinicio hijo.

Lo que vino después fue la búsqueda de justicia. Donde la viuda Blanca, junto a su hija Leyla acudieron al Centro Jurídico Gratuito de Yungay de la Universidad Bolivariana. Entablaron querellas criminales e incluso se ordenó la detención de dos de los médicos que trataron a su padre. La orden de aprensión contra el doctor Luis Gerardo Carvajal Freire, por el supuesto delito culposo de homicidio por negligencia médica, nunca se concretó. En los diversos reportes del Primer Juzgado Civil de Puente Alto, firmados por las magistrado Colomba Guerrero y luego por su reemplazante Francoise Giroux Mardones, se dice que la mayoría de los imputados no fueron habidos para declarar. Pese a que siguen trabajando en el mismo hospital.

La CIDH, una luz de esperanza

“Cuando recibimos la noticia (de que la CIDH había declarado admisible el caso) con mi hermana fuimos a darle gracias a Dios, porque al fin alguien nos estaba escuchando y se iba a hacer justicia por la muerte de mi padre”, afirma Vinicio Poblete. Esto sucedió en marzo del 2009, siete años después de iniciados los trámites.

Llegar a la Comisión no fue fácil. Poblete se enteró de su existencia por el diario e inmediatamente mandó una carta a la CIDH con su caso. Fueron meses de enviar cartas y luego años de llamadas y envíos de documentos. Al final llegó una respuesta esperanzadora de la CIDH: “La Comisión toma nota de que los hechos alegados ocurrieron en un hospital público y la información se encuentra en poder del Estado, por lo que este tenía la obligación y los medios para investigar lo denunciado”.

En la espera de justicia murió Blanca Tapia el 2003. Dos años más tarde, la muerte acechó a Vinicio Poblete… se le diagnosticó cáncer al riñón. Con ambos padres fallecidos y Vinicio con un cáncer –que luego terminó por jubilarlo– su hermana Leyla tuvo que tomar el mando y cuidar de sus hermanos.

En esa época los ingresos económicos de la familia se redujeron a tal punto, que para costear los tratamientos, el envío de documentos y la vida, tuvieron que comenzar a vender cosas… incluso la silla de ruedas de su hermano inválido. Frente a la crítica situación que hoy viven, Vinicio Poblete dice que “el Estado ha actuado con indiferencia, como si nosotros no fuéramos chilenos. No le importamos al Estado”.

Salud chilena arriesga condena

Si se declara finalizado el proceso de negociación amistosa, el abogado Sergio Espejo, solicitará a la Comisión que emita un informe. “Es una suerte de sentencia. Se establecen los hechos que ella considera se han dado por acreditados y se le plantea al Estado una serie de exigencias a cumplir”, afirma Espejo. En caso de que no las cumpla –en un plazo breve de meses – la Comisión presenta los antecedentes ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos y se inicia una demanda internacional.

Si esto sucede, sería la primera vez en la historia de la CIDH, que se establece que “en un país (Chile) se ha producido una violación al derecho a la salud de las personas”, afirma Espejo. Agregando que esto cambiaría “las condiciones de Chile respecto del Sistema Interamericano. Es una ralladura de pintura importante”. Si esto pasa a la Corte, Chile podría arriesgar una condena internacional por la mala calidad de sus servicios de salud pública.

Las denuncias ante la CIDH buscan que el Estado chileno “reconozca que se violó el derecho a la integridad física, el derecho a la salud y que se le denegó justicia a la familia”, dice Espejo y agrega que también se busca establecer medidas que aseguren que casos como este no se vuelvan a repetir.

La familia Poblete Tapia había solicitado una indemnización que incluía una serie de prestaciones que en total sumaban $50 millones. “Hemos planteado que se trata de una familia no sólo muy pobre, sino que con una situación de salud muy precaria. Por lo tanto, solicitamos que el Estado considerara prestaciones médicas”, asegura Espejo.

Con el dinero que reciban, si lo reciben, los hermanos Poblete quieren comprar una parcela en la Quinta Región “para que mi hermanito respire aire limpio”, dice Vinicio. Pero la energía se está acabando luego de 10 años de lucha incesante. Hoy el mayor de los Poblete explica con voz entrecortada y lágrimas en los ojos: “Desde lo que le pasó a mi hermana no he podido entrar a la iglesia… estoy perdiendo la fe. Estoy al borde de… cansado de sufrir. Porque en estos diez años no hemos tenido una gota de felicidad”.

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